viernes, 6 de octubre de 2017

Valores y Motivación para el logro de objetivos.


Los valores son palabras abstractas cargadas de significado. Cuando se clasifican y traducen en conductas concretas, en consonancia con nuestros objetivos y compartidos con las personas que nos importan se convierten en potentes herramientas que nos guían en nuestra vida. Los valores cobran sentido con las creencias y comportamientos, nos mueven a la acción. Definen nuestra personalidad. Satisfacen una necesidad individual o colectiva.
Los valores nos dan información vital sobre nuestro mundo interno y cuál es nuestra visión. Actuamos en base a nuestros valores.
Trabajar con valores es orientarnos al motivo, al para qué hacemos lo que hacemos.
Nuestras metas son movidas por nuestros valores, expresan lo que es importante para nosotros.
En ocasiones establecemos metas y queremos alcanzarlas sin satisfacer el valor que las hace atractiva, esto puede generar descontento.

Motivación y optimismo, son uno de los requisitos imprescindibles para el logro de metas relevantes y tareas complejas.
El comportamiento motivado no depende solo del propio individuo sino también del contexto, la cultura y la calidad de las relaciones.
Esta capacidad se pone a prueba cuando surgen dificultades…, es el momento en que mantener el pensamiento orientado al logro, que las cosas irán bien, puede significar el ÉXITO o el ABANDONO.

¿Por qué la gente se comporta de una forma determinada?

Quiero = Motivo -  Conducta  -  Satisfacción -  Objetivo.


   La motivación y los valores sirven como base para:

  •       Escoger y dar propósito a una conducta.




  •       Enfocar la atención en ciertas cosas mientras ignoramos otras.





  •       Percibirse a uno mismo y a los demás.



       Tenemos necesidades emocionales que nos motivan

  •         Seguridad personal.
  •         Tener desafíos y estímulos.
  •         Sentirnos parte de algo…
  •         Sentir que crecemos, nos desarrollamos.
  •         Sentirnos útiles, que contribuimos y generamos valor.

      (lo rutinario no implica que no tiene valor)

  •       Sentir que satisfacemos las expectativas.

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