sábado, 17 de agosto de 2013

La decisión para el logro de objetivos


Para alcanzar un objetivo el primer paso es tomar la decisión y  tener un compromiso con lo que queremos lograr a través de un acto de voluntad  para emprender  la acción, que es la señal de que se ha tomado ya una decisión.

Una decisión tomada seriamente, genera la energía, la motivación, que nos lleva a la acción para alcanzar nuestra meta. Así que es importante preguntarnos, ¿qué quiero yo realmente?, ya que el poder está supeditado al querer. Hay que pensar que muchas personas desaprovechan su vida por no saber qué quieren, por no tomar decisiones, muchas veces por temor al fracaso y sus creencias limitantes.
Tomar una decisión significa comprometerse en lograr un resultado. Hay que confiar, terminar con dudas y temores, y enfocarse en la meta y el estado deseado. Nuestra mejor decisión siempre será aquella que nos conduzca a los mejores resultados, a vivir la vida con excelencia. Albert Einstein, decía “es importante ser firmes y constantes en nuestras metas, pero flexibles en los medios para lograrlas”.

Para enfocarnos en la toma de decisiones lo más asertivas posibles, tengamos en cuenta las funciones de nuestro cerebro  para optimizar nuestros recursos.
El hemisferio izquierdo es el lógico, el analítico. El hemisferio derecho, es el de la intuición, el que sueña, el creativo. Al tomar una decisión debemos desplazar nuestros pensamientos por los dos hemisferios. Esto quiere decir que no sólo debemos pensar en analizar, sino también en lo que sentiré al tener mi objetivo ya logrado, la satisfacción de alcanzarlo.
Para el conocimiento integral de la realidad, y el pleno desarrollo de las potencialidades humanas, hay que expandir ambos modos de conocimiento y de conciencia, y así equilibrar la razón y la emoción aprendiendo a movernos de un hemisferio al otro, del análisis a la creatividad y viceversa.

Cuando planteamos un objetivo, pensamos qué es lo que quiero y para qué lo quiero, cuáles serán las ventajas y las desventajas. Analizaremos los recursos que necesito para lograrlo. Por ejemplo: el cuándo, el cómo (hemisferio izquierdo).
Por el otro lado, pensar en cómo nos vamos a sentir al lograrlo, visualizándo el objetivo, en el lugar, en el tiempo y con los recursos ya utilizados (hemisferio derecho). ¿Esto es bueno para mí y para los que me rodean? ¿Qué me proporciona el haberlo logrado? ¿Qué clase de sentimientos quiero experimentar?

Al tomar decisiones de esta manera, desplazando los hemisferios, nos daremos cuenta que es lo que tenemos que modificar o agregar para alcanzar la meta de la mejor manera (flexibilidad en la conducta) así no sólo la analizamos, sino que también la vivenciamos a futuro.
Nuestras decisiones determinan quienes somos, generan emociones, nos predisponen para la acción y el logro de resultados.

Enfócate en lo que deseas, hazlo atractivo, apasiónate y ve por él.....